Datos de Wuhan vinculan a COVID-19 con daño miocárdico mar, 07 abr 2020

Por: VentasMedicas Editor

Los primeros datos sobre lesión miocárdica vinculada con la COVID-19 durante el inicio de la pandemia en Wuhan, China, sirven de "llamada de alerta" para los médicos y el público en general respecto a lo que Estados Unidos y otros países occidentales pueden esperar mientras se propaga el virus SARS-CoV-2 y se incrementa el número de casos: un número de muertes potencialmente desalentador, mientras una infección con una tendencia a ser más grave en pacientes con enfermedades cardiovasculares subyacentes afecta a poblaciones que incluyen un gran número de estos pacientes.

"Surge un cuadro congruente" de dos estudios con un total de 603 pacientes con COVID-19 tratados en dos hospitales académicos en Wuhan, que describieron "características muy similares de pacientes que desarrollaron lesión miocárdica" asociada con su infección.[1,2]

"Los pacientes que desarrollaron lesión miocárdica con COVID-19 tienen datos clínicos de mayor agudeza, con una mayor incidencia del síndrome de dificultad respiratoria aguda y una necesidad más frecuente de ventilación mecánica que aquellos sin lesión del miocardio, y los pacientes que son más propensos a presentar lesión miocárdica son "pacientes de edad más avanzada con complicaciones cardiovasculares y diabetes preexistente", comentan en un editorial publicado en versión digital el Dr. Robert O. Bonow y sus coautores.[3]

Estos nuevos hallazgos tienen especial relevancia para Estados Unidos y otros países occidentales debido a su número sustancial de pacientes de edad avanzada con enfermedades cardiovasculares, dijeron el Dr. Bonow, profesor de medicina en la Northwestern University, en Chicago, Estados Unidos, y sus coautores.

En uno de los dos estudios citados en el editorial se analizó a 416 pacientes hospitalizados en el Hospital Renmin en Wuhan, China, durante el periodo del 20 de enero al 10 de febrero de 2020, con COVID-19 confirmada; el ensayo mostró que 20% de la cohorte tenía datos de lesión cardiaca, definida como concentraciones sanguíneas del biomarcador cardiaco troponina de alta sensibilidad I por arriba del límite de referencia superior del percentil 99o, independientemente de nuevas anomalías en la electrocardiografía y la ecocardiografía.[1]

El análisis también demostró que pacientes con lesión miocárdica tenían una tasa de mortalidad intrahospitalaria significativamente más alta, de 51%, en comparación con una tasa de mortalidad de 5% entre los pacientes sin lesión de miocardio, y entre los pacientes con lesión miocárdica, los que presentaban elevación de la troponina de alta sensibilidad I tenían una tasa de mortalidad incluso más elevada.

Un segundo análisis de 187 casos de COVID-19 confirmados en el Hospital No. 7 en Wuhan durante el periodo del 23 de enero al 23 de febrero de 2020 mostró hallazgos similares: una prevalencia de 28% de lesión miocárdica al ingreso con base en una elevación de la concentración de troponina T (TnT) plasmática y 35% de los pacientes tenían enfermedades cardiovasculares, incluidas hipertensión, cardiopatía isquémica y miocardiopatía. La elevación de las concentraciones de troponina T así como las enfermedades cardiovasculares al ingreso se vincularon de manera independiente con un aumento sustancial de la mortalidad.[2]

La frecuencia de muerte entre pacientes con elevación de la troponina T y sin enfermedades cardiovasculares subyacentes fue de 38% en comparación con 8% en pacientes sin troponina T elevada o enfermedades cardiovasculares subyacentes. Entre los pacientes ingresados con enfermedades cardiovasculares subyacentes, los que también tuvieron una troponina T elevada mostraron una tasa de mortalidad de 69% durante la hospitalización en comparación con una tasa de 13% en los que no tuvieron elevación de troponina T.[2]

El Dr. Bonow y sus coautores señalaron que los pacientes con cardiopatía isquémica crónica tienen más riesgo de desarrollar síndrome coronario agudo durante la infección aguda, lo que potencialmente se debe a un aumento importante de la demanda miocárdica durante la infección, o estrés inflamatorio sistémico grave que podría resultar en inestabilidad y ruptura de la placa aterosclerótica y así como inflamación vascular y del miocardio.

Además, los pacientes con insuficiencia cardiaca son propensos a inestabilidad hemodinámica durante las infecciones graves. "Por consiguiente, se prevé que pacientes con enfermedades cardiovasculares subyacentes, que son más frecuentes en adultos de edad avanzada, serían susceptibles a más riesgos de desenlaces adversos y muerte durante las respuestas inflamatorias graves y agresivas a COVID-19 que los individuos que son más jóvenes y más sanos", escriben.

También citaron el potencial para la miocarditis aguda o fulminante así como la insuficiencia cardiaca de nuevo inicio que produce el virus SARS-CoV-2 causante de la enfermedad COVID-19 con base en la experiencia con el coronavirus del síndrome respiratorio de Medio Oriente relacionado. Otra observación inquietante es que el virus SARS-CoV-2 se une a la enzima convertidora de angiotensina 2 en las superficies celulares como su principal receptor de entrada, "lo que plantea la posibilidad de la infección viral directa del endotelio vascular y el miocardio", un proceso que en sí mismo podría ocasionar lesión miocárdica y miocarditis.

Esos nuevos hallazgos de los pacientes con COVID-19 en Wuhan representan los primeros datos de lo que se ha convertido en una pandemia global, y han planteado interrogantes en torno a la posibilidad de generalización, pero mientras tanto, un mensaje clave de estos primeros casos es que es primordial la prevención de la infección por SARS-CoV-2. "Hasta que sepamos más, las poblaciones descritas en esos estudios de datos primarios deberían tener más observancia de una higiene de manos estricta, distanciamiento social, y, donde se disponga, pruebas para COVID-19", dijeron los autores.

El Dr. Bonow y sus coautores han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

Fuente: https://espanol.medscape.com/verarticulo/5905260

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