Tejidos ancestrales aplicados a la cardiología moderna. Wed, 12 Sep 2018

Por: Gabriel Medina

La pasión del cardiólogo boliviano Franz Freudenthal hace posible lo aparentemente imposible.

Su vocación por salvar la vida de niños con cardiopatías congénitas lo ha llevado a convertirse en inventor y emprendedor, uniendo en los dispositivos que diseña elementos que nadie antes había combinado.

Freudenthal usa un metal inteligente desarrollado originalmente por militares en EE.UU, el nitinol, y crea con él diminutos implantes de mm, tan sofisticados y delicados que sólo pueden ser fabricados a mano, con técnicas artesanales ancestrales de la comunidad indígena aymara de su país. Los dispositivos de Freudenthal le valieron recientemente el premio Innovadores de América en la categoría ciencia.

"Existen los Oscar, los Emmy y los Globos de Oro. Pero no existía ningún premio dedicado a proyectos innovadores de latinoamericanos que cambian el mundo", señalan los organizadores del galardón, concedido cada año por el CAF, el Banco de Desarrollo de América Latina.

Uno de los integrantes del jurado, el Dr. César Cuello, dijo a BBC Mundo que "aproximadamente 500 niños son tratados cada mes con estos dispositivos en todo el mundo. Se exportan a Argentina, Perú, Alemania, Estados Unidos, Irak, Vietnam. Esto multiplica las posibilidades de salvar vidas en diversas partes del mundo".

Metal con memoria.

Los dispositivos inventados por Freudenthal permiten cerrar u ocluir el ductus arterioso. Los implantes, que tiene formas muy variadas, están hechos de alambre de nitinol, una aleación de níquel y titanio descubierta en EE.UU. en investigaciones de materiales para submarinos hace medio siglo. Configuramos el implante fuera del paciente, lo introducimos por un catéter muy delgado y cuando llegamos al lugar, gracias a la memoria del metal, el dispositivo vuelve al tamaño original, recuperando la forma que nosotros hemos querido darle. El nitinol no sólo es un metal que no se corroe, sino que tiene memoria.

"Esto significa que configuramos el implante fuera del paciente, lo introducimos por un catéter muy delgado lo empujamos y cuando llegamos al lugar, gracias a la memoria del metal, el dispositivo vuelve al tamaño original, recuperando la forma que nosotros hemos querido darle". No hace falta una operación para implantar los dispositivos, que pueden colocarse con un catéter.

"Las arterias y venas de los bebés miden apenas unos cuantos milímetros, y debemos usar catéteres muy delgados para llegar al lugar donde queremos cerrar esa arteria. No es simplemente un orificio sino todo un conducto, como un tubo que tenemos que cerrar".

"Los implantes que vamos a hacer navegar por estos catéteres tienen que comprimirse y volverse muy muy pequeños, y cuando llegan al lugar volverse grandes para tapar el hueco. Por ejemplo, las espirales miden menos de 1 mm de diámetro pero llegan a medir hasta 20 cm de largo."

Técnicas aymara.

Los implantes no tienen soldaduras y se realizan con un solo alambre de nitinol. No se pueden hacer en forma industrial y para realizarlos a manos se requiere una gran destreza y habilidad motora. Es por ello que se utilizan técnicas textiles del pueblo aymara.

"Ellos tienen la tradición de hacer tejidos increíbles, imagínese que hay tejidos que hacen con hilos que miden 0,10mm y requieren más de 20 husos. Son tejidos de 6mm de diámetro por 6 de alto"

Freudenthal adquiere el nitinol de una empresa en California y fabrica los dispositivos en dos plantas, una en Alemania y otra en Bolivia.

"La mortalidad por cardiopatías congénitas aquí en Bolivia es una catástrofe. No hay o por lo menos yo no conozco un programa gubernamental para atender estos niños, en ningún centro existe cirugía cardíaca con estos métodos".

No hay datos oficiales sobre cardiopatías congénitas en Bolivia, pero el país tiene la tasa de mortalidad infantil más alta de Sudamérica, según el informe sobre población de la ONU de 2010.

Mientras países como Cuba tienen una tasa de 6 muertes por cada mil nacimientos, o Argentina de 10 cada mil, en el caso de Bolivia la cifra es de 55, similar a la de varios países africanos.

Crédito:

Alexandra Heath, MD, PhD1; Alexander Javois, MD2,3; Franz Freudenthal, MD1

Investigación:

Rafael Medina.

Fuente:

https://jamanetwork.com/journals/jama/article-abstract/2674640

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